Lun. May 17th, 2021

Las estrategias son mejores pensadas en frío y más en estos momentos en los que nos encontramos. Una acción de alto riesgo sin madurar puede ser crítica para los beneficios de la empresa a futuro. Antes de plantearse bajar precios podemos ver si es posible mejorar el producto y mantener su calidad, consiguiendo ofertas más innovadoras para diferenciarse de la competencia. A largo plazo el resultado es más estable.

Podemos multiplicar la oferta y hacerla distinta para impedir la comparación de precios, complementándola con una comunicación y acción comercial más activa. Seguro que podemos encontrar una diferenciación en base a algún factor significativo para el cliente. Es importante hacer una buena segmentación de la cartera de clientes y ofrecer una oferta a la medida de cada uno de manera  personalizada. El objetivo es evitar sacrificar nuestro margen de beneficio por atraer clientes mercenarios, aquellos que cambian por precio y no son fieles a ninguna empresa. Se puede pensar en centrarse en los clientes o mercados más rentables, incluso si eso significa ceder una parte de tu cuota a la competencia en áreas en las que no eres suficientemente fuerte. Si tienes una cartera con varios productos, puedes dejar una parte, pero hacerle una fuerte competencia en aquellos nichos o segmentos de productos que no quieres perder. 

Todas estas alternativas nos llevan, en la Asociación Empresarial de Catering AEC, a considerar que en ningún caso es necesario entrar en una guerra de precios que dificulta profesionalizar el sector y que nos llevará a bajar el margen con el riesgo de no cubrir costes. Hay que luchar en centrarse en los valores añadidos, características cualitativas y no en el precio para difundir una imagen sólida del catering de futuro.

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